En primer lugar, y con el objeto de realizar un adecuado estudio sobre la posibilidad de percibir la belleza a través de los sentidos, es necesario que definamos de forma objetiva lo que entendemos por belleza. Para esto tendremos en cuenta la definición científica ofrecida por la RAE (Real Academia de la lengua Española), “la belleza es aquello que posee la cualidad de ser bello, aquello que por la perfección de sus formas, complace a la vista o al oído y por extensión al espíritu”. Además, para poder seguir el hilo de esta disertación es necesario conocer la teoría del dualismo ontológico de Platón, desarrollada por este mismo en la antigua Grecia, en la que se defiende la existencia de dos realidades o principios que definen el mundo. Por un lado, el mundo de la ideas, siendo este el modelo ideal y perfecto de las cosas del mundo, independiente del mundo físico y representativo de lo real o verdadero. Por otro lado, el mundo sensible, el cual abarca las cosas que percibimos a través de los sentidos, copias imperfectas, mutabless y mortales del mundo de las ideas.
Una vez que queden claros los conceptos podemos comenzar a plantear la tesis que posteriormente argumentaremos. Estableceremos como tesis a demostrar que la belleza en sí misma no puede existir en el mundo sensible más que en una copia imperfecta de sí misma.
El primer argumento que encontramos a favor de esta tesis es que, de acuerdo a Platón, nada perfecto puede existir en el mundo tangible y por ende nada puede ser bello en él. A esto se le suma el hecho de que la belleza en sí misma es un concepto que pertenece al mundo de las ideas, según la misma teoría Platónica. Esto nos lleva a la conclusión de que si bien el concepto ideal de belleza no puede existir en el mundo tangible, sí pueden existir copias imperfectas de la misma, al percibir por los sentidos sombras de estos conceptos ideales, objetos en los que se atisban algunos de esos rasgos perfectos y que por lo tanto producen una aproximación al sentimiento definido por el concepto de belleza. Esto se puede ver claramente a lo largo de la historia, donde por muy buena que se haya considerado una obra de arte o cualquier otro artefacto ideado por el ser humano o por la naturaleza misma, nunca ha conseguido ser lo suficientemente objetivo como para agradar a todo el mundo, ni lo suficientemente perfecto como para no estar sujeto a la evolución y constante mejora del mismo.
En contraposición a esta tesis se suele argumentar que de no existir en el mundo sensible no podría ser percibida por los sentidos, pues según nos dice Platón los sentidos sólo pueden percibir el mundo tangible. Esto nos llevaría a una contradicción paradójica en la definición, perfección perceptible por los sentidos. Sin embargo, esto quedaría resuelto con la teoría de que la belleza como concepto puede ser percibida por los sentidos, los sentidos ideales que pertenecen al mundo de las ideas. Es al trasladar estos conceptos al mundo tangible cuando nos topamos con que ni lo uno ni lo otro son perfectos ni originales, ambos son copias defectuosas, reforzando así la tesis de que la belleza existe en el mundo sensible pero como copia imperfecta del mundo de las ideas.
En conclusión, teniendo en cuenta todo lo anteriormente mencionado, queda probado que tomando la teoría Platónica del dualismo ontológico como base, la belleza solo puede existir en el mundo sensible como una copia imperfecta de su definición. Queda así evidenciado porque nunca hay unanimidad a la hora de percibir y resuelta la paradoja de su definición.





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